Como he comentado en anteriores entregas, realizar el
Proyecto Flipped ha sido muy interesante. Lo he elaborado sin tener mucho en
cuenta la realidad cotidiana del aula, sino basándome en la posibilidad real
(aunque no en la actualidad) se poderlo llevar a cabo algún día en su
totalidad. Este pensamiento sin apenas cortapisas me ha permitido bucear en
nuevas aplicaciones, en nuevas posibilidades que no hubiera ni siquiera mirado
anteriormente.
Aunque no de forma inmediata, veo posible aplicar mi
proyecto en un futuro y prácticamente en su totalidad. Mi centro educativo está
apostando fuerte por la educación emocional, y el equipo de orientación cuenta
con profesionales estupendos que están proporcionando nuevas experiencias a los
alumnos y profesores. Un programa de este tipo sería muy bien acogido si se dan
las circunstancias precisas.
En cuanto a las dificultades, contar con la participación
familiar y el tiempo necesario para que los alumnos realicen tantas tareas en
formato digital me resulta más complicado. Sería cuestión de coordinar el
trabajo con las clases dedicadas a las nuevas tecnologías que ya posee el
centro.
Actualmente, pongo en práctica este proyecto en su parte
física. Los alumnos realizan las composiciones artísticas a partir de los
colores y expresiones de las emociones. El reto, por tanto, sería incluir el
trabajo en casa y las aplicaciones informáticas.
Aún así, el curso me ha servido para descubrir taaaantas
posibilidades que este verano tengo trabajo que hacer. Me sentía dentro del
mundo digital, y he descubierto que soy una novatilla que ha de aprender mucho.
Gracias por abrirme este interesante campo, gracias por ofrecerme tantas
herramientas y gracias porque mis clases nunca volverán a ser lo mismo. Un
antes y un después.
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